Historia y Futuro

   El Origen del Visado en la Arquitectura

Desde su mismo origen, en el Siglo XIX, los Colegios de abogados y médicos nacen con la misión, entre otras, de controlar, para la Sociedad, la cualificación de los profesionales que ejecutan los actos facultativos, y se dotan de sistemas de financiación mixtos, basados, en parte, en las cuotas que desembolsan los colegiados y, de otra parte, en las percepciones que recaudan a través de los actos de control de dichas actuaciones profesionales, percepciones que se supone son repercutidas al resto de la Sociedad y se justifican, tanto por el servicio que se presta a la misma, como por la naturaleza pública de los Colegios y de la función que desempeñan.

Así, los protocolos y bastanteos, en el caso de los abogados (al intervenir ante algún Juzgado) y las recetas y certificados, en el caso de los médicos (en su actividad privada) son antecedentes directos del visado, constituyendo exacciones que, cuando se aplican de modo generalizado, siempre a través de una exigencia legal, son sufragadas por los clientes, para los que constituyen un costo más, consecuencia de las actuaciones profesionales que han contratado.

Con dichos antecedentes, el Visado de proyectos y direcciones de obra, tal como lo conocemos en la actualidad, nace con la creación de los Colegios de Arquitectos (Real Decreto de 27 de diciembre de 1929), en un contexto en que, tras varias catástrofes y estafas o abusos, la Sociedad demandaba un rígido control del proceso constructor de viviendas, incluidas las actuaciones profesionales involucradas en el mismo.

En dicho contexto, se establece el requisito del visado, de modo simultaneo y complementario con las licencias municipales de obras, con el doble fin de

  1. erradicar el intrusismo, al dar fe de que el profesional que suscribe dichos actos está habilitado para ello (está colegiado, es competente y no padece inhabilitación alguna) y
  2. asegurar a la Sociedad que los mencionados actos reúnen un mínimo de características legales (documentos del proyecto, cumplimiento de normativa, libro de incidencias reglado, etc.), obligando a todos los Arquitectos a “intervenir para su validez la documentación de los proyectos y direcciones de obras que hayan de tener curso administrativo por medio del sello del Colegio y visar de igual modo todos los informes de carácter privado, periciales, valoraciones, etc.” (Artículo 19.d de los Estatutos fundacionales).

El Visado nace, así, como un servicio a la Sociedad, constituido por un acto de control administrativo, que realizan los Colegios de Arquitectos en ejercicio de una función pública atribuida por la Ley, que constituye un requisito legal para la validez de ciertos actos profesionales y que es, en todo caso, una obligación estatutaria de los colegiados, todo ello en garantía de los intereses de los propios colegiados, sus clientes y la Sociedad en general (según el DRAE Visar significa “dar validez, la autoridad competente, a un documento para determinado uso”).

El Visado, así creado, que se consolida muy rápidamente, tiene las mismas características y presenta las mismas contradicciones que el actual:

  1. Se establece como una obligación personal de los colegiados, derivada de los Estatutos del Colegio, con la consiguiente resistencia de los clientes a su abono, incluida la propia Administración, que no lo admite como partida explícita a pagar y se resiste a exigirlo en los trabajos profesionales que contrata, con la consiguiente tentación de elusión.
  2. Se establece de modo obligatorio, así mismo, para todos los actos profesionales con trascendencia social, y su nivel de aplicación efectiva es muy superior en aquellos actos facultativos sujetos a algún tipo de control o licencia por parte de la Administración, sufriendo una gran elusión en los restantes.
  3. Se supone que los Arquitectos funcionarios, que ejercen su profesión para la Administración, no están exentos de la colegiación obligatoria, pero ante el fracaso en conseguir que la Administración sufrague el Visado de sus trabajos, se les exime de la obligación de Visar.
  4. Se plantea internamente, en el seno de los Colegios de Arquitectos, que no todos los colectivos profesionales (ejercicio privado, empleados, funcionarios, docentes, promotores, etc.) visan por igual, siendo sus derechos como colegiados idénticos.

 

   Extensión del Visado a las ingenierías

Durante los años cincuenta (del Siglo XX) el Estado crea, de modo sucesivo, los Colegios profesionales de diversas ramas de la ingeniería (entre ellos el nuestro), y en todos ellos se aplica la figura del Visado, por extrapolación de la entonces consolidada experiencia de los Arquitectos, heredando, así, sus características y contradicciones, a las que se añaden, ahora, las propias de las diferentes ingenierías.

En efecto, dado el diferente peso que en cada una de ellas tienen los respectivos actos facultativos, que normalmente están conectados con el sector de la construcción, en el que muchas de ellas tienen un papel muy secundario, al final se llega a una situación en que hay colegios de ingenieros en los que la función de ordenación del ejercicio profesional es casi inexistente, con niveles de colegiación muy reducidos y con una institución del visado de muy escasa relevancia.

 

   El futuro del Visado

Los Colegios Profesionales españoles podrían encontrarse, a corto plazo, involucrados en un proceso de replanteamiento de la institución colegial, tal y como la conocemos en nuestro País, ello como consecuencia de un posible proceso político tendente hacia una regulación uniforme de las profesiones en los distintos países de la Unión Europea.

Tal y como se recoge en el capítulo “EL COLEGIO / Historia y futuro” de esta misma página web, no parece probable que dicho proceso afecte a los colegios de abogados, parece muy improbable que lo haga con los de médicos o arquitectos, podría afectar a los de ingenieros y parece muy probable que termine afectando a los de otras profesiones.

Aparte de esta situación, originada por causas externas, los Colegios profesionales españoles sufren el proceso de asimilación de la liberalización de honorarios, que, en algunas profesiones, implica un enfrentamiento entre los defensores a ultranza de la competencia y las leyes de mercado y los que sostienen el punto de vista, al final deontológico, de que la calidad y responsabilidad de los servicios dados por los profesionales se deben corresponder, necesariamente, con unos honorarios, en especial cuando dichos servicios se orientan a derechos básicos (seguridad, salud, patrimonio, derechos civiles, etc.).

El Visado, por lo que respecta a la Edificación, ha quedado recientemente consagrado, desde el punto de vista legal, con ocasión de la Ley de Ordenación de la Edificación (5 de noviembre de 1999) y dada su imbricación en el proceso español de control urbanístico, que no parece en cuestión, así como su casi total generalización, la institución parece bastante consolidada.

No obstante lo anterior, los Colegios de Arquitectos están preocupados por el futuro de la práctica del Visado, dado el desconocimiento general de sus fines, las reticencias con que se suele recibir la intervención de los Colegios, el deseo de minorar costos, especialmente tras la liberalización de honorarios, la incipiente competencia de las entidades de normalización, certificación y control técnico y la competitividad intracolegial.

Adicionalmente, en nuestro caso, el Visado padece una falta grave de generalización, consecuencia de que en el campo de las Obras Públicas, donde la Propiedad final suele corresponder a alguna Administración, la figura no está suficientemente regulada, con los efectos consiguientes a toda falta de generalización en este tipo de exacciones: sensación de agravio comparativo y tentación de elusión.

 

   Reflexión final

El Visado, en su configuración actual, es un servicio que el Colegio presta a la Sociedad, con contenidos múltiples:

  1. es un acto autentificador, al constatar que la actuación es de quién la suscribe y acreditar su autenticidad, mediante su inclusión en el Archivo Colegial,
  2. es un acto legitimador, al acreditar la función que desarrolla el ingeniero actuante, que está habilitado para ello (está colegiado y no inhabilitado) y que es competente en la materia,
  3. es un acto de control, al acreditar que la actuación visada cumple ciertos requisitos formales y la normativa colegial de aplicación, y, en nuestro caso,
  4. es un acto que comporta aseguramiento de la Responsabilidad Civil involucrada en la actuación.

Para su verdadera consolidación, el Colegio precisa avanzar hacia una auténtica generalización, para lo que deberá mantener activamente las cinco líneas de actuación que viene desarrollando:

  1. intentar que quede regulado expresamente en todas las disposiciones posibles, especialmente cuando se trate de normas de alto rango legal,
  2. mejorar el servicio que se presta, como acto de control, dotando de mayor contenido la revisión de los proyectos que se efectúa (p. e. el Visado de Calidad Documental),
  3. mejorar el aseguramiento de responsabilidad civil involucrado en el visado, con el fin de mejorar el servicio prestado a la Sociedad, haciéndolo más atractivo para los ingenieros actuantes,
  4. suscribir convenios de visado con entidades promotoras de proyectos y obras, con el fin de adaptar el servicio, en lo posible, a sus necesidades específicas, y
  5. establecer convenios globales de visado con profesionales libres y empresas de ingeniería o constructoras, con el fin de facilitarles contraprestaciones más adaptadas a sus necesidades.

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